Noche
Luminosa transparencia de gota azul p�lida;
la noche es un mar vertical, es un espacio vac�o
dentro de un intervalo m�s oscuro y m�s claro.
La noche se detiene en las hojas de los �rboles,
se r�e, se retuerce y escribe en los cuerpos de los p�jaros
cosas que s�lo entiende un ni?o loco con resortera.
Espinazo de animal putrefacto plagado de hormigas luminosas,
mar deshabitado, reflejo de nadie, luna derramada,
espejo sangrante entre nubes de lluvia.
Cielo reci�n nacido que apenas pulsa, pulsa penas;
mojo mi cara y mis pies en su espuma de follaje fresco:
la noche es el tatuaje perverso en el hombro de Dios.
Pablo Est�vez
Saturday, March 26, 2005
Thursday, March 24, 2005
Borges
Una vez m�s, maldito Borges bendito. (s� lo que estoy diciendo)
Triada
El alivio que habr� sentido C�sar en la ma?ana de Farsalia, al pensar: Hoy es la batalla.
El alivio que habra sentido Carlos Primero al ver al alba en el cristal y pensar: Hoy es el d�a del pat�bulo, del coraje y del hacha.
El alivio que tu y yo sentiremos en el momento que precede a la muerte, cuando la suerte nos desate de la triste costumbre de ser alguien y del peso del Universo.
Triada
El alivio que habr� sentido C�sar en la ma?ana de Farsalia, al pensar: Hoy es la batalla.
El alivio que habra sentido Carlos Primero al ver al alba en el cristal y pensar: Hoy es el d�a del pat�bulo, del coraje y del hacha.
El alivio que tu y yo sentiremos en el momento que precede a la muerte, cuando la suerte nos desate de la triste costumbre de ser alguien y del peso del Universo.
Saturday, March 19, 2005
A una joven judia
Reina del Cielo
Bajo el signo del Aleph y el Tav: tu coraz�n descansa;
se mueve,
late,
se dilata.
Bajo el signo de tu boca y tu piel: mi coraz�n palidece,
se ahoga,
se delata.
Eres principio y divinidad, verdad �ltima, primera y verde;
primavera lejana,
c�lida,
a?orada.
Son tus labios el Tav y el Aleph,
libro de dibujo,
Praga bajo la lluvia,
ciudad reci�n nacida,
Reina del cielo, del Sol, de la fruta y las hormigas;
Giro de hurac�n en estrellas de �ltima magnitud;
Nacimiento de r�os, deltas y esteros.
Tu eres Le�n Juda;
Yo el Golem herrumbrado,
Amor es la palabra,
la clave,
la revelaci�n.
Miras mi coraz�n y vuela: el cielo �sta lleno de arterias,
plumajes,
vac�os,
y cielos rojos.
?Qu� necesito para detenerte entre mis brazos?
sangre transparente,
latido astron�mico,
luz sin Luna.
Miro tu rostro y entiendo: El Mundo esta lleno de ni?os.
Bajo el signo del Aleph y el Tav: tu coraz�n descansa;
se mueve,
late,
se dilata.
Bajo el signo de tu boca y tu piel: mi coraz�n palidece,
se ahoga,
se delata.
Eres principio y divinidad, verdad �ltima, primera y verde;
primavera lejana,
c�lida,
a?orada.
Son tus labios el Tav y el Aleph,
libro de dibujo,
Praga bajo la lluvia,
ciudad reci�n nacida,
Reina del cielo, del Sol, de la fruta y las hormigas;
Giro de hurac�n en estrellas de �ltima magnitud;
Nacimiento de r�os, deltas y esteros.
Tu eres Le�n Juda;
Yo el Golem herrumbrado,
Amor es la palabra,
la clave,
la revelaci�n.
Miras mi coraz�n y vuela: el cielo �sta lleno de arterias,
plumajes,
vac�os,
y cielos rojos.
?Qu� necesito para detenerte entre mis brazos?
sangre transparente,
latido astron�mico,
luz sin Luna.
Miro tu rostro y entiendo: El Mundo esta lleno de ni?os.
Wednesday, March 09, 2005
Luz liquida
Luz liquida
Tu sexo: bosque de eucaliptos secos,
destino como espiral de ADN.
2001 Odisea del Espacio era una obra del Renacimiento
hasta que lleg� tu sombra pedregosa.
Descubro en la frente de Bertrand Russel
como se revela un laberinto a la luz de la Luna;
Tu espacio es hexa�drico
como una escalera de az�car glass.
Tu sexo: Universo-laberinto de terciopelo negro,
arma escocesa del siglo XVIII,
canto navajo de guerra.
Tu velocidad es la de un alebrije �rabe,
y tu palidez, la de un �ngel en camisa de marca;
Me quejo de la sustancia de la vida
y de las cosas que escurren hacia arriba;
tu perfil es el de Shiva Nataraja.
Una calavera met�lica que se disuelve como mercurio, me dice:
�Cuando libero, me libero�.
La silla es una pir�mide al rev�s,
y mi piel usa camuflaje contra una lluvia de piedras que no mata.
Eres como una salpicadura de agua en una hoja de mapple,
o como una monograf�a sobre el aparato respiratorio de Julio; (Cortazar)
Y yo soy el reloj de Julio, (Argeta)
Julio (los dos) son un elefante fam�lico de colores.
Me pongo a descansar entre tus piernas,
como un colibr� que liba entre plantas carn�voras;
Una canto a la soberan�a de las hormigas son tus pechos,
y una ofrenda a Xipe tu piel descalza.
?Mi caballo!, ?mi caballo!,
?Mi caballo por un beso!
Tu sexo: bosque de eucaliptos secos,
destino como espiral de ADN.
2001 Odisea del Espacio era una obra del Renacimiento
hasta que lleg� tu sombra pedregosa.
Descubro en la frente de Bertrand Russel
como se revela un laberinto a la luz de la Luna;
Tu espacio es hexa�drico
como una escalera de az�car glass.
Tu sexo: Universo-laberinto de terciopelo negro,
arma escocesa del siglo XVIII,
canto navajo de guerra.
Tu velocidad es la de un alebrije �rabe,
y tu palidez, la de un �ngel en camisa de marca;
Me quejo de la sustancia de la vida
y de las cosas que escurren hacia arriba;
tu perfil es el de Shiva Nataraja.
Una calavera met�lica que se disuelve como mercurio, me dice:
�Cuando libero, me libero�.
La silla es una pir�mide al rev�s,
y mi piel usa camuflaje contra una lluvia de piedras que no mata.
Eres como una salpicadura de agua en una hoja de mapple,
o como una monograf�a sobre el aparato respiratorio de Julio; (Cortazar)
Y yo soy el reloj de Julio, (Argeta)
Julio (los dos) son un elefante fam�lico de colores.
Me pongo a descansar entre tus piernas,
como un colibr� que liba entre plantas carn�voras;
Una canto a la soberan�a de las hormigas son tus pechos,
y una ofrenda a Xipe tu piel descalza.
?Mi caballo!, ?mi caballo!,
?Mi caballo por un beso!
Saturday, March 05, 2005
Algo de lo mio
Poema 32
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que una memoria de acr�lico
con inflexiones met�licas me dijo:
�Soy de madera del siglo XVII, soy una especie de cerradura�.
Por si ya no me levanto, quiero que veas
miles de bucles cuando pienso que pienso lo que voy a pensar;
pienso y estoy pensando; pienso que pienso que estoy pensando,
y veo risas como serruchos en navidad.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que nunca distingu� entre el play y el stop
y que viv� entre bosques oscuros en mi ni?ez.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que vi el cielo rojo de Bagdad segundos antes de la guerra
con una tormenta dentro de mis ojos.
Con el desierto en mi boca
perd� la memoria de mi memoria,
esfinge que mueve los dedos dentro de un zapato viejo.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que mi respiraci�n no tuvo fin, que fue respiraci�n fractal,
que fue respiraci�n reptil.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que una ni?a que es un rompecabezas de madera,
recogi� su coraz�n de entre mis muslos
que fueron dos cangrejos heike.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que la sangre en mi cabeza fue un casco, una esmeralda,
un zafiro, algo rojo, una piedra.
Que cayeron gotas de sangre en mi silla de madera.
Que fui de mercurio liquido (un veneno)
y mi aliento fue un llavero que perd�.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que todos somos un dibujo color sepia,
la luz es c�bica como el az�car
y la infancia es como un carrito de madera pintado de negro.
El destino tiene ojos azules,
ciudad universitaria esta plagada de �ngeles,
y la muerte tiene esqueleto de rana.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que todo es de juguete,
que todo se reconstruye de fin a principio y de principio a fin,
que llevamos la memoria en el pecho,
que Laura es una llama en el ant�rtico,
que dos hermanas asesinaron a su madre.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que vi un bosque azul con arbustos de plata,
que la nieve es de plata.
que mate gatos a golpes en una noche estrellada,
que dorm� en un cementerio sarraceno
y despert� con el aullido de una jaur�a de palabras.
Que la neblina del bosque se mete a mi casa
lenta como la espuma,
y aparecen c�pulas romanas con caligraf�a musulmana.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que es Dios quien nos desprecia,
y el aparente caos es solo un misterioso orden;
que el cielo gira al contrario de las manecillas del reloj,
y que el mar es la mejor carta de navegaci�n.
Que el Universo es arte �ptico con influencias huicholas,
que por momentos fui Gregorio Samsa,
que por momentos fui el pr�ncipe Hamlet,
que las aves son de humo y nadie escapa del humo.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que el Mundo es un ballet creado por Marcel Duchamp
escrito en el pecho de un tibur�n.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que nunca digo lo que siento.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que una memoria de acr�lico
con inflexiones met�licas me dijo:
�Soy de madera del siglo XVII, soy una especie de cerradura�.
Por si ya no me levanto, quiero que veas
miles de bucles cuando pienso que pienso lo que voy a pensar;
pienso y estoy pensando; pienso que pienso que estoy pensando,
y veo risas como serruchos en navidad.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que nunca distingu� entre el play y el stop
y que viv� entre bosques oscuros en mi ni?ez.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que vi el cielo rojo de Bagdad segundos antes de la guerra
con una tormenta dentro de mis ojos.
Con el desierto en mi boca
perd� la memoria de mi memoria,
esfinge que mueve los dedos dentro de un zapato viejo.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que mi respiraci�n no tuvo fin, que fue respiraci�n fractal,
que fue respiraci�n reptil.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que una ni?a que es un rompecabezas de madera,
recogi� su coraz�n de entre mis muslos
que fueron dos cangrejos heike.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que la sangre en mi cabeza fue un casco, una esmeralda,
un zafiro, algo rojo, una piedra.
Que cayeron gotas de sangre en mi silla de madera.
Que fui de mercurio liquido (un veneno)
y mi aliento fue un llavero que perd�.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que todos somos un dibujo color sepia,
la luz es c�bica como el az�car
y la infancia es como un carrito de madera pintado de negro.
El destino tiene ojos azules,
ciudad universitaria esta plagada de �ngeles,
y la muerte tiene esqueleto de rana.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que todo es de juguete,
que todo se reconstruye de fin a principio y de principio a fin,
que llevamos la memoria en el pecho,
que Laura es una llama en el ant�rtico,
que dos hermanas asesinaron a su madre.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que vi un bosque azul con arbustos de plata,
que la nieve es de plata.
que mate gatos a golpes en una noche estrellada,
que dorm� en un cementerio sarraceno
y despert� con el aullido de una jaur�a de palabras.
Que la neblina del bosque se mete a mi casa
lenta como la espuma,
y aparecen c�pulas romanas con caligraf�a musulmana.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que es Dios quien nos desprecia,
y el aparente caos es solo un misterioso orden;
que el cielo gira al contrario de las manecillas del reloj,
y que el mar es la mejor carta de navegaci�n.
Que el Universo es arte �ptico con influencias huicholas,
que por momentos fui Gregorio Samsa,
que por momentos fui el pr�ncipe Hamlet,
que las aves son de humo y nadie escapa del humo.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que el Mundo es un ballet creado por Marcel Duchamp
escrito en el pecho de un tibur�n.
Por si ya no me levanto, quiero que sepas
que nunca digo lo que siento.
Monday, February 21, 2005
"Poema"
Asi, entre comillas "Poema", porque no se le puede llamar poes�a a �sto, a �sto que es la vida:
Mar adentro, mar adentro.
Y en la ingravidez del fondo donde se cumplen los sue?os se juntan dos voluntades para cumplir un deseo.
Un beso enciende la vida con un rel�mpago y un trueno y en una metamorfosis mi cuerpo no es ya mi cuerpo, es como penetrar al centro del universo.
El abrazo m�s pueril y el m�s puro de los besos hasta vernos reducidos en un �nico deseo.
Tu mirada y mi mirada como un eco repitiendo, sin palabras 'm�s adentro', 'm�s adentro' hasta el m�s all� del todo por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre y siempre quiero estar muerto, para seguir con mi boca enredada en tus cabellos.
Gracias Ram�n Sampedro.
Mar adentro, mar adentro.
Y en la ingravidez del fondo donde se cumplen los sue?os se juntan dos voluntades para cumplir un deseo.
Un beso enciende la vida con un rel�mpago y un trueno y en una metamorfosis mi cuerpo no es ya mi cuerpo, es como penetrar al centro del universo.
El abrazo m�s pueril y el m�s puro de los besos hasta vernos reducidos en un �nico deseo.
Tu mirada y mi mirada como un eco repitiendo, sin palabras 'm�s adentro', 'm�s adentro' hasta el m�s all� del todo por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre y siempre quiero estar muerto, para seguir con mi boca enredada en tus cabellos.
Gracias Ram�n Sampedro.
Sunday, February 20, 2005
El Circulo
?Qu� pena!
?Qu� pena si este camino fuera de much�simas leguas
y siempre se repitieran
los mismos pueblos, la mismas ventas
los mismos reba?os, las mismas recuas!
?Qu� pena si esta vida tuviera
--esta vida nuestra--
mil a?os de existencia!
?Qui�n la har�a hasta el fin llevadera?
?Qui�n la soportar�a toda sin protesta?
?Qui�n lee diez siglos en la Historia y no la
cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta
fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
y los mismos farsantes, las mismas sectas
?y los mismos, los mismos poetas!
?Qu� pena,
que sea as� todo siempre, siempre de la misma manera!
?Que poema del Mestro Le�n Felipe Camino!
Y yo aqui, con el mismo sentir, el mismo dolor, la misma felicidad... ?Que pena!
?Qu� pena si este camino fuera de much�simas leguas
y siempre se repitieran
los mismos pueblos, la mismas ventas
los mismos reba?os, las mismas recuas!
?Qu� pena si esta vida tuviera
--esta vida nuestra--
mil a?os de existencia!
?Qui�n la har�a hasta el fin llevadera?
?Qui�n la soportar�a toda sin protesta?
?Qui�n lee diez siglos en la Historia y no la
cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta
fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
y los mismos farsantes, las mismas sectas
?y los mismos, los mismos poetas!
?Qu� pena,
que sea as� todo siempre, siempre de la misma manera!
?Que poema del Mestro Le�n Felipe Camino!
Y yo aqui, con el mismo sentir, el mismo dolor, la misma felicidad... ?Que pena!
Sunday, February 06, 2005
Cuento
No dire m�s, es s�lo eso: un cuento.
LA MUERTE DADA POR SUPUESTO
El hecho mismo de percibir, de atender, es de orden selectivo: toda atenci�n, toda fijaci�n de nuestra conciencia comporta una de liberada omisi�n de la no interesante.
Borges, La postulaci�n de la realidad.
Los hombres est�n locos; creen que sus maestros son inmortales.
Parafraseando a Albert Cohen.
Hacia finales del mes de agosto de 2001, me dispuse a iniciar mi curso de Teor�a del Arte correspondiente al 5� semestre de la carrera de Artes Pl�sticas en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado �La Esmeralda�; escuela ubicada en Tl�lpan y R�o Churubusco, en el Centro Nacional de las Artes, (C. N. A. por sus siglas) en la ciudad de M�xico; el profesor con el que deb�a cursar la materia era el curador de arte Carlos Aranda.
Carlos Aranda era un hombre con un ligero encorvamiento en su andar, de cabello cano y piel blanca y su estilo de vestir coincid�a con lo que �l mismo aseveraba �una forma sacerdotal�, con colores oscuros y, me atrever�a a decir tristes.
El d�a en que asist� por primera vez a clase con �l era la tercera de las sesiones, por lo que autom�ticamente yo ya hab�a acumulado �de entrada- dos faltas, acto que no es de muy buen decir en esta escuela y creo que en ninguna otra; Carlos al momento de tomar la lista de asistencia y darse cuenta de mis ausencias me dijo en tono severo pero amable:
�No puedes volver a faltar, o solo que desees irte sin escalas a extraordinario� a lo que respond� -un tanto apenado pero firme- que no lo volver�a a hacer; despu�s dirigi�ndose al grupo Carlos afirmo: �Desde el primer semestre que impert� clases en esta escuela deje de ser �barco�... ahora soy el �Titanic�, pero, a�n as�, no es f�cil pasar la materia conmigo as� que no se conf�en� el grupo solt� algunas risas con lo cu�l yo me sent� un poco m�s tranquilo; la clase continu� sin mas contingencias y nos empezamos a adentrar en los temas que ser�an los ejes de la materia: el cuerpo, el tiempo, el espacio, la alteridad y la memoria.
En la clase del 5 de noviembre, Carlos Aranda afirm� que hacer curadur�a era hacer memoria; hasta ese momento no me hab�a dado cuenta de las maneras que tiene la memoria para manifestarse en nuestra civilizaci�n, por lo que quise saber un poco m�s del asunto.
Al terminar la clase le pregunt� a Carlos en d�nde hab�a publicado material que hiciera referencia a esta afirmaci�n, me respondi� que en el m�s reciente n�mero de la revista �El huevo� hab�a escrito algo acerca de la memoria y la curadur�a, y que si me daba prisa todav�a podr�a encontrarla en la librer�a �Educal� que se ubica en el mismo C. N. A.
Me di a la ocupaci�n de ir a buscar dicha revista, tuve suerte, la encontr� y la compr�, en efecto en el n�mero 10 de la revista, en su p�gina 01, el articulo firmado por Carlos Aranda se titulaba:
Curadur�a y memoria, en donde el autor intenta mostrar que la acci�n de hacer memoria y hacer curadur�a es irreductible a los simples procesos cerebrales.
Plantea que la memoria es parte de la �curaci�n�, pues la diferencia entre ambas es de grado y no de naturaleza. El sujeto que memoriza, est� inmerso en la curadur�a y sus impresiones m�s inmediatas coinciden con la realidad.
Y as�, al pretender objetivar esa realidad, el sujeto se encuentra rodeado de im�genes, que de hecho no est�n sino situadas a medio camino entre la cosa y su representaci�n en la imagen. Y es que, pensar es olvidar diferencias, es generalizar, es abstraer.
Para Aranda el mundo material resulta de la reflexi�n del cuerpo humano sobre los objetos que lo constituyen. Ninguno de los dos se puede concebir por separado. La percepci�n no es impersonal puesto que, en definitiva, la materia y las im�genes que surgen al percibirla, residen en el cuerpo humano cuyo estatuto de imaginario procede de una correlaci�n entre movimientos f�sicos y modificaciones ps�quicas que derivan en la curadur�a; o sea, en una selecci�n de eventos y actos los cuales seleccionamos y damos cabida en nuestra memoria, as� jerarquizamos, distribuimos, acomodamos e inclusive escondemos, ya sea un recuerdo o una acci�n; tal y como lo hacemos en una galer�a, tal y como hacemos con las obras de arte.
La percepci�n, por su parte, aparece como consciente y actual, o bien como inconsciente y virtual. Pero siempre es material. Por otra parte, Aranda insiste en que tambi�n cuenta el recuerdo de las experiencias pasadas.
Este recuerdo es de dos clases. Unos son resultado del aprendizaje f�sico, de la repetici�n voluntaria de un gesto o una actividad que lo vuelve maquinal. Otros, involuntarios o fortuitos, surgen como evocaci�n o sugesti�n de un orden ps�quico �ntimo. Si los primeros resultan de una operaci�n del cerebro, los segundos est�n condicionados por una instancia activa que tiene su sede en el cerebro, y permiten asegurar la continuidad de la vida mental.
Por tanto, para Carlos Aranda, el l�mite de la percepci�n no es la memoria, sino la curadur�a, por que la funci�n del esp�ritu no es la de representar el mundo, sino la de inventarlo.
En la parte final del articulo figuraba un anexo el cual ten�a por subtitulo:
La muerte dada por supuesto o la muerte como consecuencia cultural; aqu� se daba a la tarea de esbozar las primeras l�neas de establecimiento de la teor�a de la inmortalidad del hombre a trav�s de su memoria o mejor dicho de su amnesia; bas�ndose en un estudio de la NASA en donde se demuestra que los abejorros �por la gran masa y peso que poseen a comparaci�n de sus peque?as alas- no deber�an volar, pero s� lo hacen es porque los abejorros nada saben de masas ni proporciones, o s� lo saben ya lo olvidaron; esto en analog�a con los seres humanos podr�a afirmar, que s� los seres humanos mueren es porque la idea de la muerte ha sido arraigada en nuestro esp�ritu y en nuestra memoria por nuestros ancestros, pero el d�a que el hombre se olvide de la muerte, �ste ya no perecer�, y es que, olvidar algo es �precisamente- darle muerte; s� los humanos nos olvidamos de morir entonces no falleceremos; en los animales no es aplicable esta regla ya que ellos no tienen conciencia de la muerte, y es que para olvidar algo primero habr� que tener conciencia de ese algo.
Por lo tanto la clave para evadir a la muerte es el olvido, no su desconocimiento, ya que es m�s dif�cil olvidarse de algo, que solo ignorar su existencia.
Despu�s de la lectura de dicho articulo me dirig� al departamento de museograf�a de �La Esmeralda� con Arturo Ruiz y �lvaro Cer�n, con quienes estaba realizando mi servicio social; el d�a transcurri� con hechos que al final son balad�es, por lo tanto no mencionar�.
El mi�rcoles 21 de noviembre, el grupo estaba esperando la clase de teor�a con Aranda, eran las 4: 55 p.m. y Carlos no daba huellas de su presencia, la clase -de dos horas- deb�a comenzar a las 4, y una de las razones por la cual todos est�bamos inquietos, se deb�a a que el profesor nunca faltaba y cuando llegaba a hacerlo, mandaba a su asistente Erick o en su defecto nos avisaba con anticipaci�n y nos dejaba lecturas extras para compensar la falta. (otra de las razones era que ya nos quer�amos ir)
A las 5: 15 p.m. cuando los que qued�bamos dispon�amos a marcharnos, Carlos Aranda lleg� pero no como siempre, lleg� disculp�ndose por el retardo y por las causas del mismo, nos narr� que al taxi en el que se dirig�a a la escuela, se le atraves� otro auto, por lo cual dio un frenado muy severo, despu�s de haber ido a tan alta velocidad, que Carlos estuvo apunto de salir proyectado por el parabrisas, y si no perder la vida, s� salir muy herido; nos cont� tambi�n como despu�s de salir avante de dicho contratiempo, por haberse sujetado bien de un apoyo del auto, al llegar al C. N. A. bajarse y pagar con un billete de alta denominaci�n, el taxista lo amenaz� de muerte y dici�ndole palabras bruscas, se dio a la fuga con su dinero. Sucesos definitivamente terribles ya que, despu�s de pasar por el trance de casi de perder la vida por un accidente automovil�stico, el conductor del taxi result� ser un ladr�n, cuando no un asesino, cosa que ni el profesor ni nadie en su lugar, se iba a atrever a averiguar.
A partir de ese momento y en las clases sucesivas, Carlos Aranda comenz� a olvidarse poco a poco de las cosas, primero, se olvido de pasar lista de asistencia, luego, olvido uno a uno los nombres de los compa?eros, de Otto, de Mauricio, de Karina, de Ver�nica Madero, de Jessica, de �ngel, de Rodrigo, de mi, de todos; despu�s comenz� a faltar
-posteriormente entender�amos que se hab�a olvidado de la clase- y as� como se olvidaba paso a paso, lentamente de todo y de todos en su vida profesional, tambi�n lo hacia en su vida personal.
?Ser�a acaso que el encuentro de frente dos veces en un mismo d�a con la muerte y con el ansia de olvidar esos sucesos desencadenaron en el profesor Carlos Aranda, una especie de amnesia caprichosa?
El olvido, la amnesia: perdida total o parcial de la memoria; en el caso de Carlos Aranda la perdida de la memoria fue �literalmente- total.
Y he aqu� la almendra de mi relato, aqu� mi desesperaci�n de testigo, c�mo transmitir a otros lo que uno ha visto; y es que el profesor �si se me permite el ox�moron- termin� por olvidar sus recuerdos.
Olvido la claridad del mar, olvido la sensaci�n de leer Harry Potter, de su curadur�a en el MUCA roma, de la hermosa mujer que vio en Nueva York, del arte antiguo y del arte contempor�neo, de las dedicatorias en sus libros, de la nieve, del tabaco, de la primera versi�n inglesa de Plinio, de las muchedumbres en el aeropuerto, de las molestias de la gripe, de su cumplea?os, de una plateada telara?a en el centro de una pir�mide negra que vio cuando ten�a tres a?os, de los decorados en las pel�culas de Peter Greenaway, de Funes el memorioso de Borges, de los pretextos que inventan sus alumnos, de De la literatura apocal�ptica, por Blanca Acinas Lope, del color del color rojo, de los movimientos complicados de su mano y de sus anillos, de la danza de los caballeros de Prokofiev, de los sobrevivientes de una batalla, de su colecci�n de material gore, de la pel�cula Happy and togeter, de las se?oritas de Avignon de Picasso, de la sentencia de Her�clito: �En los mismos r�os entramos y no entramos, estamos y no estamos�, de que su coraz�n latiera, de que hab�a enviado tarjetas postales, de que su sangre flu�a, de las focas, de los delfines, de sus libros favoritos, de aquel cuento que narra como el Alto Rey, tras alcanzar una victoria sobre el enemigo noruego, hace venir a la corte al poeta Ollan y le encarga de componer un cuento en su honor. El d�a se?alado, el poeta comparece y recita una obra sin m�cula, que respeta los antiguos c�nones, pero que deja a todo el mundo indiferente. El rey recompensa a su servidor con un espejo de plata y le ordena seguir trabajando. Cuando el plazo previsto se ha cumplido, Ollan comparece en presencia de la corte y lee, tr�mulo y balbuceante, un poema inaudito, �no era una descripci�n de la batalla, era la batalla.� El rey da al poeta una m�scara de oro y lo despide rog�ndole que trate de superarse. Cuando por tercera vez el poeta se presenta ante el rey, su aspecto ha cambiado, todo sugiere que un terror sagrado se ha apoderado de �l. Lleno de temor y de misterio murmura al o�do del rey una l�nea �nica, como una plegaria o una blasfemia. El rey, fascinado y horrorizado, le ofrece un pu?al como recompensa. El poeta se quita la vida al salir del palacio; el Alto Rey renuncia voluntariamente a su corona, yerra hasta su muerte pidiendo limosna por el que fue su reino, y jam�s repite la palabra que ha escuchado; de la guerra de las galaxias, de los art�culos que escribi� y de los que iba a escribir, del atardecer en Colima, de Yugoslavia, del agua a la luz de la luna, de Afganist�n, de las cartas de amor que hab�a recibido, del �ngel de la independencia, de lo que es una toma subjetiva en el cine, de lo que es Susan Sontag para el arte, de lo que era Gombrich para la historia; de las palabras, de las letras, de respirar, se olvido de olvidar lo que ya hab�a olvidado...
Nota del 22 de abril de 2002.
Esto fue el fragmento de una carta que encontr� en una caja enterrada junto a unos documentos personales del autor, (an�nimo) en lo que antiguamente fue �La Esmeralda.�
Hasta donde yo s�, el Centro Nacional de las Artes (ahora, ya olvidado por todos) actualmente son depauperadas ruinas de piedra a las cuales se les conoce como:
La capital de la memoria, (lugar donde todos recuerdan que han olvidado todo) -que con el tiempo se han vuelto sagradas- y en las que nadie se atreve habitar, pero donde corre el rumor de que un ser inmortal �gracias a su amnesia- las mantiene en pie, y es que -a manera de leyenda- se dice que ese personaje, que por su atuendo parece un sacerdote, un d�a se olvido de todo, raz�n por la cual,
-primero con gusto, luego con indiferencia- se olvido de morir.
LA MUERTE DADA POR SUPUESTO
El hecho mismo de percibir, de atender, es de orden selectivo: toda atenci�n, toda fijaci�n de nuestra conciencia comporta una de liberada omisi�n de la no interesante.
Borges, La postulaci�n de la realidad.
Los hombres est�n locos; creen que sus maestros son inmortales.
Parafraseando a Albert Cohen.
Hacia finales del mes de agosto de 2001, me dispuse a iniciar mi curso de Teor�a del Arte correspondiente al 5� semestre de la carrera de Artes Pl�sticas en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado �La Esmeralda�; escuela ubicada en Tl�lpan y R�o Churubusco, en el Centro Nacional de las Artes, (C. N. A. por sus siglas) en la ciudad de M�xico; el profesor con el que deb�a cursar la materia era el curador de arte Carlos Aranda.
Carlos Aranda era un hombre con un ligero encorvamiento en su andar, de cabello cano y piel blanca y su estilo de vestir coincid�a con lo que �l mismo aseveraba �una forma sacerdotal�, con colores oscuros y, me atrever�a a decir tristes.
El d�a en que asist� por primera vez a clase con �l era la tercera de las sesiones, por lo que autom�ticamente yo ya hab�a acumulado �de entrada- dos faltas, acto que no es de muy buen decir en esta escuela y creo que en ninguna otra; Carlos al momento de tomar la lista de asistencia y darse cuenta de mis ausencias me dijo en tono severo pero amable:
�No puedes volver a faltar, o solo que desees irte sin escalas a extraordinario� a lo que respond� -un tanto apenado pero firme- que no lo volver�a a hacer; despu�s dirigi�ndose al grupo Carlos afirmo: �Desde el primer semestre que impert� clases en esta escuela deje de ser �barco�... ahora soy el �Titanic�, pero, a�n as�, no es f�cil pasar la materia conmigo as� que no se conf�en� el grupo solt� algunas risas con lo cu�l yo me sent� un poco m�s tranquilo; la clase continu� sin mas contingencias y nos empezamos a adentrar en los temas que ser�an los ejes de la materia: el cuerpo, el tiempo, el espacio, la alteridad y la memoria.
En la clase del 5 de noviembre, Carlos Aranda afirm� que hacer curadur�a era hacer memoria; hasta ese momento no me hab�a dado cuenta de las maneras que tiene la memoria para manifestarse en nuestra civilizaci�n, por lo que quise saber un poco m�s del asunto.
Al terminar la clase le pregunt� a Carlos en d�nde hab�a publicado material que hiciera referencia a esta afirmaci�n, me respondi� que en el m�s reciente n�mero de la revista �El huevo� hab�a escrito algo acerca de la memoria y la curadur�a, y que si me daba prisa todav�a podr�a encontrarla en la librer�a �Educal� que se ubica en el mismo C. N. A.
Me di a la ocupaci�n de ir a buscar dicha revista, tuve suerte, la encontr� y la compr�, en efecto en el n�mero 10 de la revista, en su p�gina 01, el articulo firmado por Carlos Aranda se titulaba:
Curadur�a y memoria, en donde el autor intenta mostrar que la acci�n de hacer memoria y hacer curadur�a es irreductible a los simples procesos cerebrales.
Plantea que la memoria es parte de la �curaci�n�, pues la diferencia entre ambas es de grado y no de naturaleza. El sujeto que memoriza, est� inmerso en la curadur�a y sus impresiones m�s inmediatas coinciden con la realidad.
Y as�, al pretender objetivar esa realidad, el sujeto se encuentra rodeado de im�genes, que de hecho no est�n sino situadas a medio camino entre la cosa y su representaci�n en la imagen. Y es que, pensar es olvidar diferencias, es generalizar, es abstraer.
Para Aranda el mundo material resulta de la reflexi�n del cuerpo humano sobre los objetos que lo constituyen. Ninguno de los dos se puede concebir por separado. La percepci�n no es impersonal puesto que, en definitiva, la materia y las im�genes que surgen al percibirla, residen en el cuerpo humano cuyo estatuto de imaginario procede de una correlaci�n entre movimientos f�sicos y modificaciones ps�quicas que derivan en la curadur�a; o sea, en una selecci�n de eventos y actos los cuales seleccionamos y damos cabida en nuestra memoria, as� jerarquizamos, distribuimos, acomodamos e inclusive escondemos, ya sea un recuerdo o una acci�n; tal y como lo hacemos en una galer�a, tal y como hacemos con las obras de arte.
La percepci�n, por su parte, aparece como consciente y actual, o bien como inconsciente y virtual. Pero siempre es material. Por otra parte, Aranda insiste en que tambi�n cuenta el recuerdo de las experiencias pasadas.
Este recuerdo es de dos clases. Unos son resultado del aprendizaje f�sico, de la repetici�n voluntaria de un gesto o una actividad que lo vuelve maquinal. Otros, involuntarios o fortuitos, surgen como evocaci�n o sugesti�n de un orden ps�quico �ntimo. Si los primeros resultan de una operaci�n del cerebro, los segundos est�n condicionados por una instancia activa que tiene su sede en el cerebro, y permiten asegurar la continuidad de la vida mental.
Por tanto, para Carlos Aranda, el l�mite de la percepci�n no es la memoria, sino la curadur�a, por que la funci�n del esp�ritu no es la de representar el mundo, sino la de inventarlo.
En la parte final del articulo figuraba un anexo el cual ten�a por subtitulo:
La muerte dada por supuesto o la muerte como consecuencia cultural; aqu� se daba a la tarea de esbozar las primeras l�neas de establecimiento de la teor�a de la inmortalidad del hombre a trav�s de su memoria o mejor dicho de su amnesia; bas�ndose en un estudio de la NASA en donde se demuestra que los abejorros �por la gran masa y peso que poseen a comparaci�n de sus peque?as alas- no deber�an volar, pero s� lo hacen es porque los abejorros nada saben de masas ni proporciones, o s� lo saben ya lo olvidaron; esto en analog�a con los seres humanos podr�a afirmar, que s� los seres humanos mueren es porque la idea de la muerte ha sido arraigada en nuestro esp�ritu y en nuestra memoria por nuestros ancestros, pero el d�a que el hombre se olvide de la muerte, �ste ya no perecer�, y es que, olvidar algo es �precisamente- darle muerte; s� los humanos nos olvidamos de morir entonces no falleceremos; en los animales no es aplicable esta regla ya que ellos no tienen conciencia de la muerte, y es que para olvidar algo primero habr� que tener conciencia de ese algo.
Por lo tanto la clave para evadir a la muerte es el olvido, no su desconocimiento, ya que es m�s dif�cil olvidarse de algo, que solo ignorar su existencia.
Despu�s de la lectura de dicho articulo me dirig� al departamento de museograf�a de �La Esmeralda� con Arturo Ruiz y �lvaro Cer�n, con quienes estaba realizando mi servicio social; el d�a transcurri� con hechos que al final son balad�es, por lo tanto no mencionar�.
El mi�rcoles 21 de noviembre, el grupo estaba esperando la clase de teor�a con Aranda, eran las 4: 55 p.m. y Carlos no daba huellas de su presencia, la clase -de dos horas- deb�a comenzar a las 4, y una de las razones por la cual todos est�bamos inquietos, se deb�a a que el profesor nunca faltaba y cuando llegaba a hacerlo, mandaba a su asistente Erick o en su defecto nos avisaba con anticipaci�n y nos dejaba lecturas extras para compensar la falta. (otra de las razones era que ya nos quer�amos ir)
A las 5: 15 p.m. cuando los que qued�bamos dispon�amos a marcharnos, Carlos Aranda lleg� pero no como siempre, lleg� disculp�ndose por el retardo y por las causas del mismo, nos narr� que al taxi en el que se dirig�a a la escuela, se le atraves� otro auto, por lo cual dio un frenado muy severo, despu�s de haber ido a tan alta velocidad, que Carlos estuvo apunto de salir proyectado por el parabrisas, y si no perder la vida, s� salir muy herido; nos cont� tambi�n como despu�s de salir avante de dicho contratiempo, por haberse sujetado bien de un apoyo del auto, al llegar al C. N. A. bajarse y pagar con un billete de alta denominaci�n, el taxista lo amenaz� de muerte y dici�ndole palabras bruscas, se dio a la fuga con su dinero. Sucesos definitivamente terribles ya que, despu�s de pasar por el trance de casi de perder la vida por un accidente automovil�stico, el conductor del taxi result� ser un ladr�n, cuando no un asesino, cosa que ni el profesor ni nadie en su lugar, se iba a atrever a averiguar.
A partir de ese momento y en las clases sucesivas, Carlos Aranda comenz� a olvidarse poco a poco de las cosas, primero, se olvido de pasar lista de asistencia, luego, olvido uno a uno los nombres de los compa?eros, de Otto, de Mauricio, de Karina, de Ver�nica Madero, de Jessica, de �ngel, de Rodrigo, de mi, de todos; despu�s comenz� a faltar
-posteriormente entender�amos que se hab�a olvidado de la clase- y as� como se olvidaba paso a paso, lentamente de todo y de todos en su vida profesional, tambi�n lo hacia en su vida personal.
?Ser�a acaso que el encuentro de frente dos veces en un mismo d�a con la muerte y con el ansia de olvidar esos sucesos desencadenaron en el profesor Carlos Aranda, una especie de amnesia caprichosa?
El olvido, la amnesia: perdida total o parcial de la memoria; en el caso de Carlos Aranda la perdida de la memoria fue �literalmente- total.
Y he aqu� la almendra de mi relato, aqu� mi desesperaci�n de testigo, c�mo transmitir a otros lo que uno ha visto; y es que el profesor �si se me permite el ox�moron- termin� por olvidar sus recuerdos.
Olvido la claridad del mar, olvido la sensaci�n de leer Harry Potter, de su curadur�a en el MUCA roma, de la hermosa mujer que vio en Nueva York, del arte antiguo y del arte contempor�neo, de las dedicatorias en sus libros, de la nieve, del tabaco, de la primera versi�n inglesa de Plinio, de las muchedumbres en el aeropuerto, de las molestias de la gripe, de su cumplea?os, de una plateada telara?a en el centro de una pir�mide negra que vio cuando ten�a tres a?os, de los decorados en las pel�culas de Peter Greenaway, de Funes el memorioso de Borges, de los pretextos que inventan sus alumnos, de De la literatura apocal�ptica, por Blanca Acinas Lope, del color del color rojo, de los movimientos complicados de su mano y de sus anillos, de la danza de los caballeros de Prokofiev, de los sobrevivientes de una batalla, de su colecci�n de material gore, de la pel�cula Happy and togeter, de las se?oritas de Avignon de Picasso, de la sentencia de Her�clito: �En los mismos r�os entramos y no entramos, estamos y no estamos�, de que su coraz�n latiera, de que hab�a enviado tarjetas postales, de que su sangre flu�a, de las focas, de los delfines, de sus libros favoritos, de aquel cuento que narra como el Alto Rey, tras alcanzar una victoria sobre el enemigo noruego, hace venir a la corte al poeta Ollan y le encarga de componer un cuento en su honor. El d�a se?alado, el poeta comparece y recita una obra sin m�cula, que respeta los antiguos c�nones, pero que deja a todo el mundo indiferente. El rey recompensa a su servidor con un espejo de plata y le ordena seguir trabajando. Cuando el plazo previsto se ha cumplido, Ollan comparece en presencia de la corte y lee, tr�mulo y balbuceante, un poema inaudito, �no era una descripci�n de la batalla, era la batalla.� El rey da al poeta una m�scara de oro y lo despide rog�ndole que trate de superarse. Cuando por tercera vez el poeta se presenta ante el rey, su aspecto ha cambiado, todo sugiere que un terror sagrado se ha apoderado de �l. Lleno de temor y de misterio murmura al o�do del rey una l�nea �nica, como una plegaria o una blasfemia. El rey, fascinado y horrorizado, le ofrece un pu?al como recompensa. El poeta se quita la vida al salir del palacio; el Alto Rey renuncia voluntariamente a su corona, yerra hasta su muerte pidiendo limosna por el que fue su reino, y jam�s repite la palabra que ha escuchado; de la guerra de las galaxias, de los art�culos que escribi� y de los que iba a escribir, del atardecer en Colima, de Yugoslavia, del agua a la luz de la luna, de Afganist�n, de las cartas de amor que hab�a recibido, del �ngel de la independencia, de lo que es una toma subjetiva en el cine, de lo que es Susan Sontag para el arte, de lo que era Gombrich para la historia; de las palabras, de las letras, de respirar, se olvido de olvidar lo que ya hab�a olvidado...
Nota del 22 de abril de 2002.
Esto fue el fragmento de una carta que encontr� en una caja enterrada junto a unos documentos personales del autor, (an�nimo) en lo que antiguamente fue �La Esmeralda.�
Hasta donde yo s�, el Centro Nacional de las Artes (ahora, ya olvidado por todos) actualmente son depauperadas ruinas de piedra a las cuales se les conoce como:
La capital de la memoria, (lugar donde todos recuerdan que han olvidado todo) -que con el tiempo se han vuelto sagradas- y en las que nadie se atreve habitar, pero donde corre el rumor de que un ser inmortal �gracias a su amnesia- las mantiene en pie, y es que -a manera de leyenda- se dice que ese personaje, que por su atuendo parece un sacerdote, un d�a se olvido de todo, raz�n por la cual,
-primero con gusto, luego con indiferencia- se olvido de morir.
Wednesday, February 02, 2005
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