Monday, February 21, 2005

"Poema"

Asi, entre comillas "Poema", porque no se le puede llamar poes�a a �sto, a �sto que es la vida:

Mar adentro, mar adentro.
Y en la ingravidez del fondo donde se cumplen los sue?os se juntan dos voluntades para cumplir un deseo.
Un beso enciende la vida con un rel�mpago y un trueno y en una metamorfosis mi cuerpo no es ya mi cuerpo, es como penetrar al centro del universo.
El abrazo m�s pueril y el m�s puro de los besos hasta vernos reducidos en un �nico deseo.
Tu mirada y mi mirada como un eco repitiendo, sin palabras 'm�s adentro', 'm�s adentro' hasta el m�s all� del todo por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre y siempre quiero estar muerto, para seguir con mi boca enredada en tus cabellos.

Gracias Ram�n Sampedro.

Sunday, February 20, 2005

Solo palabras

Si la vida fuera justa, ser�a muy injusta.

El Circulo

?Qu� pena!

?Qu� pena si este camino fuera de much�simas leguas
y siempre se repitieran
los mismos pueblos, la mismas ventas
los mismos reba?os, las mismas recuas!
?Qu� pena si esta vida tuviera
--esta vida nuestra--
mil a?os de existencia!
?Qui�n la har�a hasta el fin llevadera?
?Qui�n la soportar�a toda sin protesta?
?Qui�n lee diez siglos en la Historia y no la
cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta
fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
y los mismos farsantes, las mismas sectas
?y los mismos, los mismos poetas!
?Qu� pena,
que sea as� todo siempre, siempre de la misma manera!



?Que poema del Mestro Le�n Felipe Camino!
Y yo aqui, con el mismo sentir, el mismo dolor, la misma felicidad... ?Que pena!

Sunday, February 06, 2005

Cuento

No dire m�s, es s�lo eso: un cuento.


LA MUERTE DADA POR SUPUESTO



El hecho mismo de percibir, de atender, es de orden selectivo: toda atenci�n, toda fijaci�n de nuestra conciencia comporta una de liberada omisi�n de la no interesante.

Borges, La postulaci�n de la realidad.


Los hombres est�n locos; creen que sus maestros son inmortales.

Parafraseando a Albert Cohen.


Hacia finales del mes de agosto de 2001, me dispuse a iniciar mi curso de Teor�a del Arte correspondiente al 5� semestre de la carrera de Artes Pl�sticas en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado �La Esmeralda�; escuela ubicada en Tl�lpan y R�o Churubusco, en el Centro Nacional de las Artes, (C. N. A. por sus siglas) en la ciudad de M�xico; el profesor con el que deb�a cursar la materia era el curador de arte Carlos Aranda.
Carlos Aranda era un hombre con un ligero encorvamiento en su andar, de cabello cano y piel blanca y su estilo de vestir coincid�a con lo que �l mismo aseveraba �una forma sacerdotal�, con colores oscuros y, me atrever�a a decir tristes.

El d�a en que asist� por primera vez a clase con �l era la tercera de las sesiones, por lo que autom�ticamente yo ya hab�a acumulado �de entrada- dos faltas, acto que no es de muy buen decir en esta escuela y creo que en ninguna otra; Carlos al momento de tomar la lista de asistencia y darse cuenta de mis ausencias me dijo en tono severo pero amable:
�No puedes volver a faltar, o solo que desees irte sin escalas a extraordinario� a lo que respond� -un tanto apenado pero firme- que no lo volver�a a hacer; despu�s dirigi�ndose al grupo Carlos afirmo: �Desde el primer semestre que impert� clases en esta escuela deje de ser �barco�... ahora soy el �Titanic�, pero, a�n as�, no es f�cil pasar la materia conmigo as� que no se conf�en� el grupo solt� algunas risas con lo cu�l yo me sent� un poco m�s tranquilo; la clase continu� sin mas contingencias y nos empezamos a adentrar en los temas que ser�an los ejes de la materia: el cuerpo, el tiempo, el espacio, la alteridad y la memoria.

En la clase del 5 de noviembre, Carlos Aranda afirm� que hacer curadur�a era hacer memoria; hasta ese momento no me hab�a dado cuenta de las maneras que tiene la memoria para manifestarse en nuestra civilizaci�n, por lo que quise saber un poco m�s del asunto.
Al terminar la clase le pregunt� a Carlos en d�nde hab�a publicado material que hiciera referencia a esta afirmaci�n, me respondi� que en el m�s reciente n�mero de la revista �El huevo� hab�a escrito algo acerca de la memoria y la curadur�a, y que si me daba prisa todav�a podr�a encontrarla en la librer�a �Educal� que se ubica en el mismo C. N. A.
Me di a la ocupaci�n de ir a buscar dicha revista, tuve suerte, la encontr� y la compr�, en efecto en el n�mero 10 de la revista, en su p�gina 01, el articulo firmado por Carlos Aranda se titulaba:

Curadur�a y memoria, en donde el autor intenta mostrar que la acci�n de hacer memoria y hacer curadur�a es irreductible a los simples procesos cerebrales.

Plantea que la memoria es parte de la �curaci�n�, pues la diferencia entre ambas es de grado y no de naturaleza. El sujeto que memoriza, est� inmerso en la curadur�a y sus impresiones m�s inmediatas coinciden con la realidad.
Y as�, al pretender objetivar esa realidad, el sujeto se encuentra rodeado de im�genes, que de hecho no est�n sino situadas a medio camino entre la cosa y su representaci�n en la imagen. Y es que, pensar es olvidar diferencias, es generalizar, es abstraer.
Para Aranda el mundo material resulta de la reflexi�n del cuerpo humano sobre los objetos que lo constituyen. Ninguno de los dos se puede concebir por separado. La percepci�n no es impersonal puesto que, en definitiva, la materia y las im�genes que surgen al percibirla, residen en el cuerpo humano cuyo estatuto de imaginario procede de una correlaci�n entre movimientos f�sicos y modificaciones ps�quicas que derivan en la curadur�a; o sea, en una selecci�n de eventos y actos los cuales seleccionamos y damos cabida en nuestra memoria, as� jerarquizamos, distribuimos, acomodamos e inclusive escondemos, ya sea un recuerdo o una acci�n; tal y como lo hacemos en una galer�a, tal y como hacemos con las obras de arte.
La percepci�n, por su parte, aparece como consciente y actual, o bien como inconsciente y virtual. Pero siempre es material. Por otra parte, Aranda insiste en que tambi�n cuenta el recuerdo de las experiencias pasadas.
Este recuerdo es de dos clases. Unos son resultado del aprendizaje f�sico, de la repetici�n voluntaria de un gesto o una actividad que lo vuelve maquinal. Otros, involuntarios o fortuitos, surgen como evocaci�n o sugesti�n de un orden ps�quico �ntimo. Si los primeros resultan de una operaci�n del cerebro, los segundos est�n condicionados por una instancia activa que tiene su sede en el cerebro, y permiten asegurar la continuidad de la vida mental.
Por tanto, para Carlos Aranda, el l�mite de la percepci�n no es la memoria, sino la curadur�a, por que la funci�n del esp�ritu no es la de representar el mundo, sino la de inventarlo.

En la parte final del articulo figuraba un anexo el cual ten�a por subtitulo:
La muerte dada por supuesto o la muerte como consecuencia cultural; aqu� se daba a la tarea de esbozar las primeras l�neas de establecimiento de la teor�a de la inmortalidad del hombre a trav�s de su memoria o mejor dicho de su amnesia; bas�ndose en un estudio de la NASA en donde se demuestra que los abejorros �por la gran masa y peso que poseen a comparaci�n de sus peque?as alas- no deber�an volar, pero s� lo hacen es porque los abejorros nada saben de masas ni proporciones, o s� lo saben ya lo olvidaron; esto en analog�a con los seres humanos podr�a afirmar, que s� los seres humanos mueren es porque la idea de la muerte ha sido arraigada en nuestro esp�ritu y en nuestra memoria por nuestros ancestros, pero el d�a que el hombre se olvide de la muerte, �ste ya no perecer�, y es que, olvidar algo es �precisamente- darle muerte; s� los humanos nos olvidamos de morir entonces no falleceremos; en los animales no es aplicable esta regla ya que ellos no tienen conciencia de la muerte, y es que para olvidar algo primero habr� que tener conciencia de ese algo.
Por lo tanto la clave para evadir a la muerte es el olvido, no su desconocimiento, ya que es m�s dif�cil olvidarse de algo, que solo ignorar su existencia.

Despu�s de la lectura de dicho articulo me dirig� al departamento de museograf�a de �La Esmeralda� con Arturo Ruiz y �lvaro Cer�n, con quienes estaba realizando mi servicio social; el d�a transcurri� con hechos que al final son balad�es, por lo tanto no mencionar�.

El mi�rcoles 21 de noviembre, el grupo estaba esperando la clase de teor�a con Aranda, eran las 4: 55 p.m. y Carlos no daba huellas de su presencia, la clase -de dos horas- deb�a comenzar a las 4, y una de las razones por la cual todos est�bamos inquietos, se deb�a a que el profesor nunca faltaba y cuando llegaba a hacerlo, mandaba a su asistente Erick o en su defecto nos avisaba con anticipaci�n y nos dejaba lecturas extras para compensar la falta. (otra de las razones era que ya nos quer�amos ir)
A las 5: 15 p.m. cuando los que qued�bamos dispon�amos a marcharnos, Carlos Aranda lleg� pero no como siempre, lleg� disculp�ndose por el retardo y por las causas del mismo, nos narr� que al taxi en el que se dirig�a a la escuela, se le atraves� otro auto, por lo cual dio un frenado muy severo, despu�s de haber ido a tan alta velocidad, que Carlos estuvo apunto de salir proyectado por el parabrisas, y si no perder la vida, s� salir muy herido; nos cont� tambi�n como despu�s de salir avante de dicho contratiempo, por haberse sujetado bien de un apoyo del auto, al llegar al C. N. A. bajarse y pagar con un billete de alta denominaci�n, el taxista lo amenaz� de muerte y dici�ndole palabras bruscas, se dio a la fuga con su dinero. Sucesos definitivamente terribles ya que, despu�s de pasar por el trance de casi de perder la vida por un accidente automovil�stico, el conductor del taxi result� ser un ladr�n, cuando no un asesino, cosa que ni el profesor ni nadie en su lugar, se iba a atrever a averiguar.

A partir de ese momento y en las clases sucesivas, Carlos Aranda comenz� a olvidarse poco a poco de las cosas, primero, se olvido de pasar lista de asistencia, luego, olvido uno a uno los nombres de los compa?eros, de Otto, de Mauricio, de Karina, de Ver�nica Madero, de Jessica, de �ngel, de Rodrigo, de mi, de todos; despu�s comenz� a faltar
-posteriormente entender�amos que se hab�a olvidado de la clase- y as� como se olvidaba paso a paso, lentamente de todo y de todos en su vida profesional, tambi�n lo hacia en su vida personal.
?Ser�a acaso que el encuentro de frente dos veces en un mismo d�a con la muerte y con el ansia de olvidar esos sucesos desencadenaron en el profesor Carlos Aranda, una especie de amnesia caprichosa?
El olvido, la amnesia: perdida total o parcial de la memoria; en el caso de Carlos Aranda la perdida de la memoria fue �literalmente- total.
Y he aqu� la almendra de mi relato, aqu� mi desesperaci�n de testigo, c�mo transmitir a otros lo que uno ha visto; y es que el profesor �si se me permite el ox�moron- termin� por olvidar sus recuerdos.

Olvido la claridad del mar, olvido la sensaci�n de leer Harry Potter, de su curadur�a en el MUCA roma, de la hermosa mujer que vio en Nueva York, del arte antiguo y del arte contempor�neo, de las dedicatorias en sus libros, de la nieve, del tabaco, de la primera versi�n inglesa de Plinio, de las muchedumbres en el aeropuerto, de las molestias de la gripe, de su cumplea?os, de una plateada telara?a en el centro de una pir�mide negra que vio cuando ten�a tres a?os, de los decorados en las pel�culas de Peter Greenaway, de Funes el memorioso de Borges, de los pretextos que inventan sus alumnos, de De la literatura apocal�ptica, por Blanca Acinas Lope, del color del color rojo, de los movimientos complicados de su mano y de sus anillos, de la danza de los caballeros de Prokofiev, de los sobrevivientes de una batalla, de su colecci�n de material gore, de la pel�cula Happy and togeter, de las se?oritas de Avignon de Picasso, de la sentencia de Her�clito: �En los mismos r�os entramos y no entramos, estamos y no estamos�, de que su coraz�n latiera, de que hab�a enviado tarjetas postales, de que su sangre flu�a, de las focas, de los delfines, de sus libros favoritos, de aquel cuento que narra como el Alto Rey, tras alcanzar una victoria sobre el enemigo noruego, hace venir a la corte al poeta Ollan y le encarga de componer un cuento en su honor. El d�a se?alado, el poeta comparece y recita una obra sin m�cula, que respeta los antiguos c�nones, pero que deja a todo el mundo indiferente. El rey recompensa a su servidor con un espejo de plata y le ordena seguir trabajando. Cuando el plazo previsto se ha cumplido, Ollan comparece en presencia de la corte y lee, tr�mulo y balbuceante, un poema inaudito, �no era una descripci�n de la batalla, era la batalla.� El rey da al poeta una m�scara de oro y lo despide rog�ndole que trate de superarse. Cuando por tercera vez el poeta se presenta ante el rey, su aspecto ha cambiado, todo sugiere que un terror sagrado se ha apoderado de �l. Lleno de temor y de misterio murmura al o�do del rey una l�nea �nica, como una plegaria o una blasfemia. El rey, fascinado y horrorizado, le ofrece un pu?al como recompensa. El poeta se quita la vida al salir del palacio; el Alto Rey renuncia voluntariamente a su corona, yerra hasta su muerte pidiendo limosna por el que fue su reino, y jam�s repite la palabra que ha escuchado; de la guerra de las galaxias, de los art�culos que escribi� y de los que iba a escribir, del atardecer en Colima, de Yugoslavia, del agua a la luz de la luna, de Afganist�n, de las cartas de amor que hab�a recibido, del �ngel de la independencia, de lo que es una toma subjetiva en el cine, de lo que es Susan Sontag para el arte, de lo que era Gombrich para la historia; de las palabras, de las letras, de respirar, se olvido de olvidar lo que ya hab�a olvidado...

Nota del 22 de abril de 2002.
Esto fue el fragmento de una carta que encontr� en una caja enterrada junto a unos documentos personales del autor, (an�nimo) en lo que antiguamente fue �La Esmeralda.�
Hasta donde yo s�, el Centro Nacional de las Artes (ahora, ya olvidado por todos) actualmente son depauperadas ruinas de piedra a las cuales se les conoce como:
La capital de la memoria, (lugar donde todos recuerdan que han olvidado todo) -que con el tiempo se han vuelto sagradas- y en las que nadie se atreve habitar, pero donde corre el rumor de que un ser inmortal �gracias a su amnesia- las mantiene en pie, y es que -a manera de leyenda- se dice que ese personaje, que por su atuendo parece un sacerdote, un d�a se olvido de todo, raz�n por la cual,
-primero con gusto, luego con indiferencia- se olvido de morir.




Wednesday, February 02, 2005

200 a?os

He aqu� un Haik� de m�s de doscientos a?os.


De no estar t�,
demasiado enorme ser�a el bosque.

Kobayashi ISSA

Haik�

Aqu� algo m�o, con el esp�ritu del bellisimo estilo poetico japon�s del Haik�:


Enciendo una vela,
el polvo gira alrededor de la flama;
He creado un Universo.

Woman